Iris Azquinezer: la voz femenina del violonchelo

102
Iris Azquinezer
Iris Azquinezer

Blanco y Oro es el cromático título del segundo álbum discográfico de la violonchelista madrileña Iris Azquinezer en el que congrega composiciones propias junto a las suites de Johann Sebastian Bach, compañeras de viaje inseparables en su carrera artística, como la propia instrumentista reconoce, al considerarlas su propia casa.

Tras Azul y Jade, la chelista propone en este hermoso trabajo una fusión entre la juventud y la madurez, donde las obras de su propia autoría son un fiel reflejo de la expresión sincera de las suites 3 y 4 aquí recogidas. Y es que el violonchelo de Azquinezer, dulce, melodioso y refinadamente femenino, presenta al oyente un viaje cósmico en el que la expresión del pasado se confunde con la del presente de una intérprete y compositora interesada en entrelazar y conjugar lenguajes.

Armonías iridiscentes afloran en la página que abre el disco, Bereshit, u origen en la Torá hebrea, por medio de sus punteos y percusiones iniciales y sus pequeños destellos melódicos. Cuasi una improvisación que abre la puerta a este íntimo recital que acaricia el oído desde la primera nota. La sensibilidad que demuestra Azquinezer en las suites bachianas se evidencia en toda la profundidad que insufla a cada una de las seis páginas de que constan. La chelista sirve lecturas de gran control y precisión técnica ya desde la delineación de los preludios, junto a una flexible articulación y un sentido cantabile que se manifiesta ampliamente en las dolientes “sarabandes”. El carácter de la danza y la pirueta virtuosística tampoco escasean en ejecuciones de un rigor absoluto.

El sonido, penetrante, expansivo, pero nunca incisivo ni excesivo, posee toda la paleta de color que demandan estas obras, siempre abordadas con un exquisito sentido de la contención y la intimidad, como transpiran también esas Tres danzas a la luna, cuya central “Sarabanda” tanto debe a la experiencia interpretativa de Azquinezer con Bach; o el homenaje a Santa Teresa de Jesús con Nada te turbe, una página donde la joven chelista madrileña parece remedar la serena sonoridad de un órgano, un remanso de paz y una placidez espiritual que pone punto final a esta experiencia profundamente intimista y personal. Porque a través de sus propuestas, el chelo de Azquinezer es capaz de conferir un vívido reflejo sonoro a los celebérrimos versos teresianos, y a lo largo de todo el disco parecen resonar las postreras palabras: “solo Dios basta”.

Germán García Tomás