La magia de Simon Rattle y la London Symphony impresiona en Granada

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La magia de Simon Rattle impresiona en Granada. Foto: José Albornoz
La magia de Simon Rattle impresiona en Granada. Foto: José Albornoz

El 65º Festival Internacional de Música y Danza de Granada vivió su momento cumbre con el concierto que la London Symphony Orchestra ofreció en el Palacio de Carlos V, con la batuta del gran Simon Rattle al frente.

Era mucha la expectación que había en el palacio alhambreño antes de la actuación, siendo este concierto el que cerraba las intervenciones de las tres orquestas londinenses que han visitado Granada durante este festival. Además, la presencia del director británico invitaba a un optimismo perceptible en los asistentes en los minutos anteriores al comienzo de la actuación y, ciertamente, Rattle y la orquesta no sólo no defraudaron sino que convirtieron la noche musical en un momento mágico, realmente formidable, uno de esos conciertos que muchos de los asistentes recordaremos con el paso de los años como un momento histórico de este ya longevo festival.

Cuando se tiene la posibilidad de ver una orquesta como esta y a un director como Simon Rattle, gusta que el programa sea lucido, no sólo por la belleza en lo musical, sino también porque ante una formación de estas dimensiones y calidad y un director de este nivel, gusta escuchar obras que sean exigentes, que requieran mucho de los músicos y, así, se puedan apreciar las diferencias entre formaciones como estas y un director como Simon Rattle y otras que, aún siendo muy dignas e incluso teniendo un buen nivel, no son de la máxima élite. En este aspecto, el programa que nos presentó la orquesta británica fue muy apropiado, incluyendo las Variaciones sobre un tema original, op. 36 “Enigma” de Edward Elgar y la Sinfonía nº 2 en mi menor op.27 de Serguéi Rachmáninov. Ambas obras, de una gran belleza, siendo muy diferentes, tienen una estética propia de un Romanticismo muy tardío y, además de la gran musicalidad de ambas, no son obras al alcance de cualquier formación. Pero para que el efecto en los oyentes transcienda lo muy bueno y llegue a un nivel como el que pudimos disfrutar en el Palacio de Carlos V hace falta algo más, y ese factor diferencial está claro que fue Simon Rattle, un director con auténtico mando, con una expresividad inmensa, capaz de dibujar con sus gestos el resultado musical más apropiado, llevando a los músicos con una sensación de naturalidad al alcance sólo de los fuera de serie, de los que hacen verdadero arte como si fuera fácil.

La magia de Simon Rattle impresiona en Granada
La magia de Simon Rattle impresiona en Granada. Foto: José Albornoz

El nivel de la orquesta fue espectacular, con una cuerda absolutamente compacta que llenaba con su sonido cálido todo el recinto, un viento que, tanto en el metal como en la madera, lució un sonido brillante e impoluto y una percusión que estuvo sencillamente perfecta.   La formación londinense se dejó llevar por la batuta de Simon Rattle, un director que tenía sin duda absolutamente trabajadas las obras, un músico que está en la máxima élite por méritos propios, un director que es ese factor diferencial, que hace que un concierto pueda ser un momento especial, memorable, como fue la interpretación de las variaciones de Elgar y la sinfonía de Rachmaninov en Granada. Al firmante de estas líneas le llamó especialmente la atención la capacidad para ejecutar las dinámicas; sólo con levantar progresivamente la mano, Rattle conseguía un crescendo perfecto. De la misma manera, los gestos pidiendo expresividad tenían un efecto directo en el resultado musical. La sensación de los asistentes fue que Rattle controlaba absolutamente todo lo que sonaba y lo llevaba a la excelencia. La belleza de las piezas programadas, las magistrales interpretaciones y el recinto único que es el alhambreño Palacio de Carlos V, fueron los factores que hicieron que el público, a pesar de los treinta grados que tuvo que soportar durante las horas nocturnas del evento, disfrutara como pocas veces. Sin duda, este concierto será de los que recordaremos como uno de los grandes momentos de la historia del festival de Granada, con el buen hacer de una orquesta excelente y con la magia de Simon Rattle desde el podio.

Emilio Lacárcel Vílchez