Luna: 20 años de una ópera infravalorada

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Luna: 20 años de una ópera infravalorada
Luna: 20 años de una ópera infravalorada

Bajo el paraguas del sello Deutsche Grammophon, y con el pretexto de su vigésimo aniversario, nos llega esta reedición de Luna, la única ópera del compositor José María Cano (Madrid, 1959). De nuevo hallamos aquí lo que ya conocíamos, y lo único que se nos dio a conocer hace dos décadas, una grabación parcial de la obra: los 9 números musicales del registro original de Santa Teresa Records publicado en 1997, titulado Canciones, Romanzas y Danzas, y que contó con las voces de Plácido Domingo, Ainhoa Arteta, Teresa Berganza y Renée Fleming. Cantantes todos que apostaron firmemente por este drama lírico en tres actos y que creyeron sin ambages en las capacidades del ex integrante del grupo Mecano para componer una pieza lírica, como también lo hiciera la recientemente desaparecida Montserrat Caballé cuando le sugirió al compositor escribir una ópera a raíz de su versión operística del tema Hijo de la luna, del que parte el argumento de Luna, mantenido en secreto por expresa voluntad del autor.

Por todos es conocido que Luna no se ha representado nunca y ha visto su estreno sólo en versión de concierto en el Palau de la Música de Valencia el 15 de junio de 1998, donde se escucharon tres números inéditos no incluidos por Cano en esta grabación, y con esa pretendida efeméride de los 20 años del estreno aparece esta novedad discográfica que no es tal. Lo que de veras hace pensar que es una verdadera lástima que el ninguneo a esta ópera por los teatros españoles, con el Teatro Real a la cabeza, y por la crítica “especializada” de aquel momento, causantes directos del desprecio a la partitura, aún permanezca a día de hoy, y que una reedición de la primigenia grabación sirva de alguna manera para volver a llamar la atención sobre esta obra de una amplísima calidad musical. Y es que, no debería hacer falta ponerlo otra vez de manifiesto: Luna es una ópera con una música exquisitamente compuesta por Cano y en la que empleó gran parte de sus esfuerzos creativos, por no hablar de los económicos. El gran proyecto artístico de su vida. Proyecto fallido, tristemente. Por ello, se podría argüir que de poco serviría el nuevo lanzamiento de una obra que ha sido infravalorada e injustamente tratada por los considerados expertos musicales, aunque sin embargo debemos agradecer al sello amarillo que se reedite, pues es la Universal y se le puede dar una presencia y un alcance mayor respecto al anterior producto discográfico, totalmente descatalogado en tiendas de discos.

El aún por aquel entonces tenor (hoy barítono) Plácido Domingo, principal valedor del proyecto de Luna, prestó su varonil voz de poderoso metal en cuatro temas del disco: “Te quiero, morena”, el “Pasodoble de la Luna”, de clara raigambre taurina, el villancico “Y nos vamos pa Belén”, junto al Coro de Niños del Colegio Nuestra Señora del Recuerdo, y la espléndida canción “Un gitano sin su honor”, que el tenor Rolando Villazón, fascinado por ella, volvió a grabar en su álbum, Gitano. Ainhoa Arteta, por su parte, sólo cantó dos temas, “Llévame niño pal cura” y la nana “Arrorro, arrorro”, que le permitían lucir sus elevadas capacidades dramáticas en el manejo de una voz un tanto nasal pero que despuntaba por su esmaltada belleza sopranil. 

Una madura Teresa Berganza nos regalaba su ya ajado instrumento pero aún timbrado y muy musical, con inflexiones un tanto histriónicas y auténtico gracejo en el decir, en la canción “Bajo el cielo de Sevilla”, una de las últimas prestaciones discográficas de la sensacional mezzosoprano madrileña que todos admiramos. Y por último, la carismática soprano Renée Fleming sólo brindaba sus vocalizaciones en el enigmático Epílogo final de la ópera. En la mitad, el dechado de maestría andaluza que José María Cano desplegó en el número orquestal “Jaleo”, con la participación estelar de María Pagés en zapatos y palillos, y una soberbia London Symphony Orchestra dirigida por el músico madrileño, una página que, al escucharla de nuevo, nos vuelve a traer la esencia y la herencia de la zarzuela clásica, personificada en auténticos maestros como Gerónimo Giménez o Manuel Penella, un género al que sin lugar a dudas miró muy de cerca José María Cano para revivir la música escénica española. Ojalá en un futuro no muy lejano se le pueda resarcir al gran músico, permitiéndole cumplir su sueño dorado: el ver representada su ópera Luna en algún escenario de este ingrato país. Y es que ya lo dice el dicho: nunca se es profeta en tu tierra. 

Germán García Tomás