París, un Don Giovanni en la sombra

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La Opera Garnier de París apuesta por la nueva producción para Don Giovanni de Ivo van Hove. La última producción de la temporada nos deja un poco vacíos y extrañados, a pesar de la elegancia que muestra el vestuario, destacando la belleza de los diseños de época por An D’Huys para la escena de las máscaras; la escenografía, por Jan Versweyveld, es simple y no acompaña a lo que Don Giovanni nos cuenta dejando desierta la riqueza de la trama operística.

Bloques de hormigón de varias alturas en tonos grises con pequeñas ventanas, parece un edificio a mitad de construcción. Una rampa colocada en medio del escenario, poco espacio para el movimiento en escena, ni un solo cambio durante tres actos…no sólo color es lo que le falta a esta escenografía, básicamente le falta todo.

Parece aun así que el giro escenográfico llega al final del último acto. Un toque de color aparece tras la muerte de Don Giovanni en forma de flores colgadas en los balcones, tenderetes y jarrones…un respiro para los personajes que no es suficientemente sorprendente para contentarnos.

En el foso parece que tampoco hay colores esta noche, la falta de movimiento y energía en la orquesta es latente desde la primera nota. Aunque impecable suena un poco anticuada y aburrida, el ritmo de batuta que ofrece Philippe Jordan hoy tampoco es el esperado.

Hay que decir que hay algo destacable en la velada, la juventud de los cantantes para el reparto es de agradecer. Una idea fabulosa la de la Ópera de París la de totalizar sus elencos con voces jóvenes y dar oportunidad a las nuevas voces del panorama.

Entre ellos los dos más novatos, Mijail Timosheko como Masetto y Elsa Dreysig  como Zerlina, seguramente los dos grandes aciertos de la noche. De gran belleza vocal Mijail, antiguo componente de la Academia de la Ópera de París, destaca su simpatía en escena, su brillante timbre de barítono y sus coloridos graves. La soprano es toda una sorpresa, gran fraseo y exquisita redondez vocal, además es bastante buena en la escena.

Leporello, por el barítono canadiense Philippe Sly a mi gusto es lo más interesante de la noche. Suelto en la escena interpreta un Leporello muy natural, elegante y encantador, además su registro es bastante completo y aunque no goza de una voz extremadamente potente nos deja con buen sabor de boca.

Los sobrantes en el elenco no consiguieron destacar demasiado, correctos pero sin meritos quedaron bastante vagos en los recitativos e incluso algo insulsos.

Nicole Car, como Donna Elvira que aunque goza siempre de calidad en las líneas y de una rica paleta vocal no supo dar el color que merecía al personaje. Además la soprano que presume de experiencia en el personaje parecía perdida ydesacompasada con Jordan en todas sus intervenciones.

Don Ottavio y Donna Anna, Stanislas de Barbeyrac y Jacquelyne Wagner funcionan juntos pero no separados. Ella es ácida y de poco volumen, y él de voz aterciopelada pero desmesurado en la magnitud vocal. A pesar de ello parece que en los dúos se complementan y salvan su interpretación.

Ain Anger en el papel de Il Commendatore tiene unos graves profundos y contundentes, pero no es sin duda el mejor para interpretar el papel. Algo insípido en la interpretación no consigue dar ese toque terrorífico al personaje ni atemorizar ni lo más mínimo al público asistente.

Para terminar, Etienne Dupuis el Don Giovanni de este reparto. Digamos que es correcto. Aunque convence su interpretación y su elegancia escénica, a veces recuerda al líder de los Gambino el egocéntrico, audaz y mujeriego mafioso Jonh Gotti y su presencia seductora son dignas de aplauso su nivel vocal no es remarcable.

Buenos graves que deja demasiado en la sombra, poco sonoro e incluso débil en cuanto a sonoridad. Tal vez demasiado dulce y poco llamativo para un papel que requiere fuerza vocal, y por qué no, un toque de agresividad.

Rebeca Blanco Prim