Un Elisir en Pamplona musicalmente ramplón y precipitado

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Un Elisir en Pamplona musicalmente ramplón y precipitado
Un Elisir en Pamplona musicalmente ramplón y precipitado

Vuelven la ópera representada escénicamente a la programación del Baluarte, ya que en las dos últimas temporadas solo hemos podido ver óperas en versión de concierto. De hecho, la última ópera que ser representó en escena fue en Abril de 2016 y se trataba de Nabucco en una producción de Emilio Sagi.

La otra novedad de la presente temporada en el Baluarte es que por fin han unido sus fuerzas las distintas organizaciones operísticas pamplonesas y así la representación que ahora nos ocupa es la primera (y parece que la cosa seguirá) de la Fundación Baluarte y la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera (AGAO). No sé si eso servirá para que la calidad de los espectáculos mejore, pero me parece un paso por demás lógico y que hay que valorar positivamente.

Así pues, vuelve esta ópera de Gaetano Donizetti a verse en Pamplona, donde se ofreció por última vez en el año 2011 con un reparto encabezado por Leonardo Capalbo, Yolanda Auyanet y Carlos Chausson. El resultado de esta vuelta a Pamplona no ha sido particularmente brillante, con una producción escénica original en su planteamiento, una dirección musical rutinaria y un reparto vocal un tanto modesto en su conjunto.

La producción escénica procede de la Ópera de Lausanne, donde se estrenara en Octubre de 2012, habiendo viajado posteriormente por diversas ciudades francesas y habiendo recalado también en Montecarlo. La producción lleva la firma del italiano Adriano Sinivia y presenta un mundo en el que los personajes son liliputienses, que viven en la rueda de un tractor, situado en un campo de cereal. Los soldados de la tropa de Belcore no son sino también liliputienses, que salen de una lata de conservas, que aparece también en el campo. La escenografía es prácticamente única para toda la ópera y es obra de Cristian Taraborrelli, resultando más interesante en el primer acto de la ópera. Menos conseguido me parece el segundo acto, con la presencia de una especie de tiovivo, resultando impactante la llegada del notario al enlace de Adina, apareciendo por el escenario volando. Adecuado el vestuario de Enzo Iorio, menos atractivo en el caso de Belcore y Dulcamara. Correcta la iluminación de Fabrice Kebour.

La dirección escénica no es particularmente brillante, especialmente en lo que al movimiento de masas se refiere. En conjunto, es una producción que se ve con interés, aunque éste decaiga a lo largo de la representación.

Un Elisir en Pamplona musicalmente ramplón y precipitado

La dirección musical estuvo encomendada al italiano Matteo Beltrami, que sustituía al inicialmente anunciado Antonello Allemandi, aunque no sepamos las razones del cambio. La dirección del italiano no ha ido más allá de la eficacia y la rutina, escasa de interés, con tiempos más que vivos, precipitados, y abusando de volumen orquestal en más de una ocasión, aparte de haber desajustes entre foso y escenario. Por debajo de su nivel habitual la Orquesta Sinfónica de Navarra y tampoco fue particularmente brillante la prestación del Coro de AGAO.

El personaje de Nemorino fue interpretado por el tenor italiano Antonino Siragusa, que volvía a nuestro país tras su actuación en el Liceu de Barcelona la temporada pasada, donde fue el Duque de Mantua en el Rigoletto verdiano. Su actuación como Nemorino ha tenido sus virtudes y defectos de siempre. Entre los primeros está su buena adecuación al género belcantista, ya que es un cantante con una técnica destacable. Por otro lado, su voz nunca ha sido atractiva y sigue sin serlo y eso no es fácil de superar en un personaje como Nemorino. De hecho, su Furtiva Lagrima no fue brillante y no consiguió emocionar al público. Resulta más adecuado en Rossini que en Donizetti.

La caprichosa Adina fue interpretada por la soprano navarra Sabina Puértolas, que lo hizo bien, cantando con gusto y resultando desenvuelta en escena. Para mi gusto se queda un poco corta de volumen en algunas ocasiones y también su voz resulta más ligera que lo deseable para el personaje. Brilló en el aria Prendi, per me sei libero, cantada con mucho gusto.

El reparto ofrecía la presencia de dos auténticos desconocidos, como son Emmanuel Franco en Belcore y Pablo Ruiz en Dulcamara. Estamos ante dos personajes de corte claramente bufo y ninguno de los dos me han resultado especialmente adecuados para interpretar al sargento chulesco y al famoso charlatán. Emmanuel Franco tiene algunos problemas de emisión en el centro, ya que su voz no llega bien al auditorio, mejorando en la parte de arriba. En cuanto a Pablo Ruiz se queda claramente corto como intérprete y vocalmente me resultó demasiado ligero. Hace falta un bajo barítono en el personaje, como lo demostrara la última vez en Pamplona Carlos Chaussson.

La parte de Gianetta fue bien interpretada por la soprano navarra Andrea Jiménez, que mostró una voz más importante que lo habitual en este personaje.

El Baluarte ofrecía una entrada algo por debajo del 70 % de su aforo. El público se mostró muy cálido con los artistas, siendo los mejores aplausos para Sabina Puértolas y Antonino Siragusa.

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 28 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 56 minutos. Es la primera vez que veo esta ópera durando musicalmente menos de 2 horas. Cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 68 euros, costando 40 euros la más barata. Fotos: Cortesía El Baluarte

José M. Irurzun