Crítica de Don Giovanni de Mozart. Toulouse

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don giovanni
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Cuanto más veo Don Giovanni más me doy cuenta de las enormes dificultades de la obra y de lo difícil que es hacerla triunfar en un teatro. Hace falta un director de escena inteligente y experto, un muy buen maestro – abstenerse medianías -, un protagonista a quien no le basta con cantar bien, sino que tiene que ser un personaje atractivo y aborrecible al mismo tiempo, un Don Ottavio que, además de cantar muy bien, no se aburra con su papel, y unas protagonistas femeninas con voces adecuadas  y que den vida de verdad a sus personajes. Se puede decir que esto hace falta en todas las óperas y es una verdad a medias. Hay óperas que salen bien con medianías y este no es el caso con Mozart. En este genio de la música todo es especial, por su gran simplicidad, pero deja a todos los artistas desnudos. No hay quien se tape. O se es muy bueno, o más vale dedicarse a otro compositor. Y si esto es verdad siempre en Mozart, en Don Giovanni lo es de modo muy especial.

Valga todo este preámbulo para poner en evidencia que el Don Giovanni que nos ocupa falló en varios aspectos de los señalados más arriba y así no se puede hacer triunfar de verdad a esta excepcional ópera.

La producción escénica es el primer elemento por donde hace agua la representación. Se trata de la producción que Brigitte Jaques-Wajeman estrenara en el año 2005 con Ludovic Tezier en el rol protagonista, habiéndose repuesto dos años más tarde con Ildebrando D’Arcangelo.La señoraJaques-Wajeman pasa por ser una de las más prestigiosas directoras de teatro en el país vecino y con esta producción hacía su debut en la ópera. La escenografía (Emmanuel Peduzzi)  consiste en unos árboles grandes,  alrededor de los cuales se desarrolla la acción. En el primer acto aparecen en la escena de los esponsales de Zerlina y no tienen a la vista sus raíces, mientras que en el segundo acto las lucen y van subiendo poco a poco a lo largo de dicho acto hasta desparecer en la escena final. Es igual que hablemos de la fiesta de los mencionados esponsales que del palacio de Don Giovanni o de cualquier otra escena; los árboles están presentes. ¿Querrán decir algo? El vestuario – también de Emmanuel Peduzzi – es un galimatías; Don Giovanni y Leporello visten a la usanza del XVIII, Doña Anna y Doña Elvira van con vestidos largos de fiesta (muy apropiado para el bosque), y el resto, con trajes de los años 50/60 del siglo XX. ¿Qué significado tiene toda esta mezcolanza? Nada dice la regista en sus notas en el programa, pero supongo que tendrá que ver con la intemporalidad del mito del Burlador de Sevilla. Buena la iluminación de Jean Kalman.

 La dirección escénica va más por el camino de la ópera bufa que del drama giocoso, con poca vida en escena, aparte de la que prestan Don Giovanni y Leporello, que en esta ocasión son dos grandes actores. El toque original no puede faltar y,  al final de la moraleja,  reaparece Don Giovanni, abrazado a una joven. En resumen, una producción manifiestamente mejorable.

Attilio Cremonesi es un director, cuya labor ha estado muy basada en la ópera barroca, aunque ha hecho algunas incursiones en la obra de Mozart. Su lectura me ha resultado de poco interés, especialmente en el primer acto. Ya desde la obertura se echaba en falta un mayor dramatismo, y faltó energía en muchos momentos. Fue especialmente sorprendente el acompañamiento de Finch’han dal vino, como si fuera casi un andante. Como ya ocurriera en el Così Fan Tutte de  hace un par de años en este teatro, hubo corrección, pero Don Giovanni  exige mucho más que eso. Volvió a incidir en el hecho de elevar mucho el foso, lo que hizo que el balance con el escenario dejara que desear, sobre todo teniendo en cuenta que el Capitole es un teatro de dimensiones más bien reducidas. Hace falta otra batuta más inspirada para hacer justicia a esta obra maestra de Mozart. Buena la prestación de la Orchestre National du Capitole. Correcto el Coro del Capitole en sus breves intervenciones.

En cuanto al reparto vocal, las voces masculinas funcionaron mucho mejor que las femeninas, lo que no deja de ser una auténtica novedad.

Don Giovanni fue interpretado por el barítono británico Christopher Maltman, cuya labor me ha resultado muy convincente. No tiene la belleza tímbrica de Ludovic Tezier ni el atractivo de Ildebrando D’Arcangelo, pero pocas veces se asiste a un Don Giovanni en el que el protagonista preste tanta atención a los recitativos, cantados siempre con una intención digna de todo elogio. En su afán de matizar sus expresiones había veces en las que no se le escuchaba bien, pero, en conjunto, estamos ante uno de los mejores Don Giovanni de la actualidad.

Alex Esposito fue un estupendo Leporello, tanto vocal como escénicamente, y se convirtió, sin duda, en el preferido del público. La voz de este bajo-barítono no es muy atractiva, pero la maneja muy bien y es un destacado actor. Un siervo digno de su amo.

Tamar Iveri repetía su Donna Anna, tras haberla cantado en el año 2007. Entonces escribí esto de su actuación: Tamar Iveri es una artista asidua en Toulouse y ofrece una voz adecuada al personaje, con un centro de calidad y un par de problemas: por un lado no anda sobrada en agilidades y por otro, ofrece un extremo agudo algo destemplado. No creo que Mozart sea un buen campo para ella. Desde entonces ha empeorado en ambos aspectos.

Maite Beaumont era Donna Elvira y su voz me resultó muy poco adecuada para el personaje. Esta dama burgalesa necesita una amplitud que la mezzo navarra no puede darle, aunque sea una buena intérprete. Por otro lado, las notas altas no las resuelve con mucha facilidad, ya que son más propias de una soprano. Creo que podría haber hecho una estupenda Zerlina, personaje para el que tiene todo. Claro que todo puede ser posible, cuando ya ha cantado Carmen hace unos meses en Satiago de Chile.

Dmitry Korchak fue un notable don Ottavio, cantando con mucho gusto sus dos arias. Su voz no es especialmente atractiva, pero es un cantante muy interesante. Las dos arias que Mozart dedica a Don Ottavio son una piedra de toque magnífica para calibrar la importancia de un tenor y Korchak demostró su valía.

La soprano Vannina Santoni fue una modesta Zerlina. La voz no tiene mucha calidad y no consiguió convencer en su dos arias ni en el dúo con Don Giovanni.

El barítono serbio Ipca Ramanovic fue un Masetto con voz de timbre atractivo, pero todavía un tanto verde. El bajo Alexey Tikhomirov fue un Comendador de formato un tanto reducido.

El Capitole ofrecía un lleno total, con gente pidiendo entradas a las puertas del teatro. Hay que decir que esto mismo ocurrió en las dos ocasiones precedentes, mencionadas anteriormente. El público se mostró un tanto tibio a escena abierta, ofreciendo una cálida  acogida a los artistas en los saludos finales, donde los mayores aplausos fueron para Alex Esposito y Chritopher Maltman.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración total de 3 horas y 11 minutos, incluyendo un intermedio. La duración estrictamente musical fue de 2 horas y 45 minutos. Los aplausos finales se prolongaron durante 6 minutos.

El precio de la localidad más cara era de 86 euros. En los pisos superiores los precios  oscilaban entre 70 y 42 euros. La localidad más barata costaba 33 euros.

 

José M. Irurzun