Crítica de Entre Sevilla y Triana de Sorozabal. Sevilla

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Entre-Sevilla-y-Triana1.Sorozaba.SevillaEquilibrio e imaginación


Entre Sevilla y Triana. Sainete en dos actos de Pablo Sorozábal. Teatro de la Maestranza. Sevilla, jueves 14 de marzo de 2013. Director musical: Juan García Rodríguez. Director de escena: Curro Carreres. Principales intérpretes: Carmen Solís (soprano), José Julián Frontal (barítono), Alejandro Roy (tenor), María José Suárez (mezzosoprano) y Ángel Garó (actor). Orquesta Sinfónica de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Manuel Castillo. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. 
 

No era fácil llevar al escenario del Teatro de la Maestranza una Sevilla casi contemporánea, aún en el recuerdo de una ciudad tan orgullosa de sí misma como hastiada con tanto estereotipo. Por otra parte, la historia de una madre soltera que no se avergüenza de serlo a pesar de la sociedad de su tiempo, Sevilla 1950, habría perdido mucho si se hubiera ambientado fuera de lugar y de época. De ahí el mérito de la dirección escénica de Curro Carreres al encontrar esa medida justa que, cuando se sobrepasa entra de lleno en el tópico y cuando no se alcanza, en el complejo.

 

La escenografía de Ricardo Sánchez-Cuerda nos da una visión tan imaginativa como pegada a la realidad. No busca una reproducción literal, pero utiliza un elemento tan trianero como el azulejo para dibujar tanto el patio de vecinos como la mirada a Sevilla desde la otra orilla, seña de identidad del viejo arrabal. Su irregularidad y la falta de piezas en muchos tramos, nos recuerdan que se trataba de viviendas viejas y humildes, idea que se refuerza con las numerosas fisuras que, avanzando la obra, servirán para permitir la irrupción del barco, tan contundente como la de su capitán en la historia.

 

Magnífica la soprano Carmen Solís, como cantante y como actriz, al igual que José Julián Frontaly Alejandro Roy, muy aplaudidos en su Salve a Sevilla el primero, y el tenor asturiano en la romanza “Tú que sabes del cariño” deliciosamente enmarcada por una postal del Puente de Triana. Mª José Suárez ofreció una Micaela que cantaba tan bien como actuó y bailó, especialmente en sus números con Ángel Garó (Angelillo), que hubo de sobreponerse a una afección vocal para interpretar perfectamente a su personaje. Muy buen nivel el del resto del elenco, destacando la encantadora florista de la soprano Patricia Cayuela.

 

Preciosa la interpretación del coro de la habanera del primer acto, con coreografía incluida como se pide en la partitura. Y muy solvente en la escena de la cruz de mayo, donde además de cantar y bailar, tienen que lidiar con las imprecisiones de la partitura de Sorozábal a la hora de escribir sevillanas; una dificultad añadida pero nada preocupante para una formación del oficio y la calidad del coro del Maestranza.

 

Se queda corta la escena de la cruz de mayo que dejó escrita Sorozábal, por eso resulta un acierto la presencia de Jesús Méndez al cante y Manuel Valencia a la guitarra, así como del cuerpo de baile que, con Antonio Perea como coreógrafo, consigue recordar más a una fiesta flamenca en un patio que a una academia de baile, sin por ello dejar de exhibir la profesionalidad que se espera de quien se sube a un escenario. Impresionante la soleá donde, como en un espejo, dos bailaoras representan a Reyes como amante y como madre que acuna con ternura la cola del traje como si se de su hijo se tratara.

 

La orquesta, con Juan García Rodríguez a la batuta, derrochó ilusión en un foso que pisaban por primera vez; quizá por eso se produjo algún desajuste puntual de volumen y tiempo con las voces, algo que no empaña el buen hacer de todos sus componentes.

 

Javier Isausti.