Daphne: Frankfurt vuelve a apostar con acierto por Richard Strauss

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Daphne. Foto: B. Aumüller
Daphne. Foto: B. Aumüller

Frankfurt cuenta con una de las mejores compañías de ópera en Alemania y es por eso que casi todos los años hago un viaje a esta ciudad. En esta ocasión se nos ofrece un título tan poco representado como Daphne, de Richard Strauss. Le sigue el Xerxes de Haendel y termino el fin de semana con una nueva producción de La Forza del Destino.

Tuve ocasión de ver esta producción de Dahpne cuando se estrenó aquí en el año 2010. Sigue siendo una destacada producción escénica, que ha contado con una muy buena dirección musical y un buen reparto vocal, especialmente en alguno de sus personajes.

Hay quien piensa – y quizá no le falta razón – que las tres óperas de Richard Strauss con libreto de Josef Gregor están injustamente olvidadas. Me refiero a Daphne, Friedenstag y Die Liebe der Danae. No cabe duda de que son tres obras importantes y la que nos ocupa es muy rica musicalmente, aunque el libreto resulte un tanto farragoso. La trama está sacada de las Metamorfosis de Ovidio y trata de la ninfa Daphne, hija de Peneios y Gaea, enamorada del joven Leukippos y deseada por el Dios Apolo, que viene a la tierra disfrazado para conseguir a la ninfa. La deseada ninfa trae consigo que Apolo mate a Leukippos, para acabar perdonando a Daphne convirtiéndola en un árbol para disfrute de la naturaleza durante toda la eternidad. Efectivamente, no es una trama muy atractiva y hasta un tanto confusa.

Frankfurt apostó fuerte por Daphne y encargó una nueva producción a Claus Guth, cuyo resultado es francamente bueno. Nada de dioses ni ninfas y menos metamorfosis en plantas. Es una inteligente producción de uno de los mejores directores de escena de los últimos años, que concibe la obra como un flash-back de una decrépita Daphne, que va recordando las distintas escenas que vivió de jovencita y que le dejaron traumatizada.

Claus Guth se basa en el magnífico escenario rotatorio del teatro de la ópera de Frankfurt para ofrecer tres escenografías distintas (Christian Schmidt), decadentes y envejecidas todas ellas, que se ajustan perfectamente a la visión retrospectiva de Daphne. El mismo Christian Schmidt se encarga del adecuado vestuario, mientras que Olaf Winter se encarga de una iluminación no excesivamente brillante.

El trabajo de Claus Guth como director de escena es magnífico, contando con la colaboración de unos cantantes, que resultan unos magníficos actores. A destacar igualmente el juego que saca al personaje mudo de la vieja Daphne, muy presente en escena durante la ópera.

A destacar también la dirección de Sebastián Weigle. Este maestro se ha convertido en la última década en unos de los mejores que se pueden ver en un foso en Alemania. En esta ocasión tengo que decir que su lectura ha sido una de las mejores que le he escuchado hasta ahora. Estuvo al servicio de la maravillosa música de Strauss y nos la ofreció en todo su esplendor, con momentos inspiradísimos y sin decaer el interés en ningún momento. Se nota que ha trabajado de lo lindo con su orquesta, la Frankfurter Opern- und Museumorchester, ya que es el Director Musical de la casa desde el año 2008 y ha sacado un partido estupendo a esa formación, que ha sonado estupendamente Buena actuación también del Cor de la Oper Frankfurt.

El personaje de la ninfa Daphne fue interpretado por la soprano canadiense Jane Archibald, que tenía que luchar con el gran recuerdo de la interpretación que nos brindara hace 9 años la soprano Maria Bengtsson. La actuación de Jane Archibald ha sido buena, pero no alcanza las cotas de emoción y entusiasmo de la Bengtsson. La canadiense ha sido una de las Zerbinettas de referencia en los últimos años y es sabido que este personaje requiere una soprano ligera. Aquí, sin embargo, se necesita una soprano con más cuerpo y ella puede quedar un tanto corta. No es ningún demérito, porque su actuación fue buena, sino que el recuerdo de la anterior está muy fresco en mi memoria.

Siempre he dicho que Richard Strauss parecía odiar a los tenores, ya que no hace falta sino ver cómo los trató musicalmente. Quizá unos de los ejemplos más claros de lo que digo es precisamente el personaje del dios Apolo, cuya partitura parece estar escrito por su enemigo. Pocos son los los tenores que pueden enfrentarse a este personaje y muchos menos los que pueden salir airosos del trance. Hay que felicitar la Ópera de Frankfurt por habernos ofrecido como intérprete al tenor Andreas Schager, uno de los grandes wagnerianos del momento. Su actuación fue muy buena y uno se queda con la boca abierta ante tanto poderío vocal.

Daphne. Foto: B. Aumüller

Leukippos también es un tenor, pero de características más líricas y menos exigente que Apollo. Aquí fue cubierto adecuadamente por el tenor Peter Marsh, muy habitual en Frankfurt.

Repetía actuación como Gaea la mezzo soprano Tanja Ariane Baumgartner, como lo hiciera hace 9 años. Es una destacada cantante y actriz, con una importante carrera y lo hizo bien también en esta ocasión, aunque prefiero una auténtica contralto en el personaje.

Buena también la actuación del bajo Patrick Zielke como Peneios, el padre de Daphne.

Los personajes secundarios fueron bien cubiertos en todos los casos, destacando las dos Doncellas, interpretadas por Julia Moorman y Bianca Andrew. Los cuatro Pastores eran Dietrich Volle, Jaeil Kim, Barnaby Rea y Mikolai Trabka.

Finalmente, hay que destacar la actuación escénica de Corinna Schnabel en el personaje mudo de la Vieja Daphne.

El teatro ofrecía una ocupación de alrededor del 75 % de su aforo. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones para Andreas Schager y Sebastian Weigle. Sorprendentemente, salió a saludar Claus Gurth, que fue muy bien recibido.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 1 hora y 42 minutos, sin intermedios. Siete minutos de aplausos.

La localidad más cara costaba 95 euros, habiendo butacas de platea desde 56 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 31 euros.

José M. Irurzun