Katia Buniatishvili. Concierto. Madrid. Opera World

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Ciclo de Grandes Intérpretes. Fundación Scherzo.

Kathia Buniatishvili. Tugan Sokhiev. Orquesta del Capitole de Toulouse.

Auditorio Nacional de Música. Madrid. 11 de febrero de 2014.

La Fundación Scherzo nos tiene acostumbrados a la mayor excelencia artística acercándonos a los mejores intérpretes del panorama internacional y en esta ocasión no fue diferente. El pasado martes tuvo tres invitados: la talentosa pianista Kathia Buniatishvili, el director Tugan Sokhiev y la Orquesta del Capitole de Toulouse.

Para abrir boca, el concierto fue inaugurado por la siempre atractiva Obertura de “Egmont”, la versión poco usual de la partitura de Beethoven fue interpretada por una orquesta que contó con ocho contrabajos para nueve violonchelos, todo un récord. En más de un lapso escuchamos la sección de cuerda y la sección de viento desacompasadas, puede que el director no calculase bien el tiempo de emisión sonora para cada familia de instrumentos.

La flamante intérprete del Concierto para Piano y Orquesta en la menor de Grieg desplegó su virtuosísimo a lo largo de toda la pieza, demostrando que técnica y tablas no le faltaban. No obstante, la ejecución de la obra fue una experiencia vertiginosa. Una extravagante utilización del rubato y una inaudible pulsación de los pasajes más delicados nos llevaron a la conclusión de que estábamos ante una exhibición de efectos especiales. Sin duda los mejores momentos de esta velada vinieron de la mano de la emotiva interpretación del segundo movimiento, pues una vez llegados al tercero, la orquesta se ocupó de acompañar al piano con un sonido muy superior al que el instrumento solista podía obtener.

Buniatishvili sorprendió con el último movimiento de la séptima sonata de Prokófiev abrasando el teclado con su velocidad y su apabullante destreza, seguido de una joya bachiana interpretada con elegancia y sensibilidad, representando una vez más su dualidad interpretativa.

La Segunda Sinfonía de Brahms nos llevó a un lugar completamente distinto, envolviendo la sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música en un halo de bucólico romanticismo, con una textura sólida y redonda que el público supo agradecer aplaudiendo generosamente. Como respuesta a esta calurosa despedida la orquesta regaló al respetable la Obertura de “Las bodas de Fígaro” que siguiendo en la línea del concierto, tomó un pulso arrebatado.

Un concierto brillante, con tantas tonalidades como personalidades artísticas. Esperamos volver a ver a Kathia Buniatishvili y poder disfrutar de todos sus registros, que seguramente sean muchos más.

Esther Viñuela Lozano