Una gran Candide triunfa en el Liceu

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Candide
Candide

Este año se conmemora el centenario del nacimiento de aquel gran músico, director y comunicador que fue el americano Leonard Bernstein. Son muchos los teatros que se han sumado a la conmemoración ofreciendo obras suyas. A estos teatros se ha unido con buen tino el Liceu de Barcelona, que ofrece dos representaciones en forma de concierto de Candide. Me parece digna de elogio la decisión del teatro barcelonés.

Candide se estrenó en 1956 en Nueva York, si bien la obra tuvo revisiones posteriores hasta llegar a la versión definitiva, que se estrenó en Glasgow en 1988. Es ésta la primera vez que sube al escenario del Liceu, aunque se pudo en Barcelona en 1996 en el Teatro Romea.

No creo exagerar al decir que la representación ha sido un éxito, basado en una muy buena dirección musical y un reparto vocal muy adecuado. Ha sido una de esas noches en las que los espectadores han podido disfrutar y muchos de ellos conocer una obra nueva y que merece la pena.

Es una pena que no hayamos podido asistir a una representación escénica de Candide, aunque hay que reconocer que todos los solistas han tenido la delicadeza de actuar sin partitura y dando una gran naturalidad y agilidad a sus actuaciones en todos los casos.

El primer pilar donde se ha apoyado el éxito de la representación ha estado en la dirección musical del americano John De Main, que ha ofrecido una versión musical llena de vida y alegría, demostrando un claro dominio de la obra y un grado de familiarización más que notable con la música de Bernstein. A sus órdenes funcionó de manera destacable la Orquesta Sinfónica del Liceu y lo mismo se puede decir del Coro del Liceu, que ha estado mejor que habitualmente.

El reparto vocal no ofrecía nombres de relumbrón, pero ha resultado perfectamente adecuado a las exigencias de la obra, resultando todos ellos muy convincentes intérpretes en escena, más allá de que hayamos asistido a una versión de concierto o semi- escenificada, como prefieran.

Candide fue interpretado por el tenor americano Paul Appleby, que resultó plenamente convincente en el personaje. La voz no es extraordinaria ni en timbre ni en volumen, pero está bien manejada, cantando con gusto en sus intervenciones, especialmente su aria en Eldorado del segundo acto.

Como Cunegonde estaba anunciada una soprano desconocida, Meghan Picerno, cuya presencia ofrecía algunas dudas. Afortunadamente, las dudas se disiparon rápidamente, ya desde las primeras escenas, ya que nos encontramos ante una soprano que domina el personaje de arriba a abajo. Se trata de una soprano ligera de voz atractiva, sin ser extraordinaria, y con una enorme facilidad en escena. No tuvo problemas en los momentos más comprometidos y salvó su más conocida aria Glitter and be gay de manera brillante, ganándose una ovación de las que no suelen abundar en el Liceu.

El filósofo o preceptor Pangloss fue encarnado por el barítono Kevin Burdette, que también dio vida en el segundo acto a Martín. Estamos ante un auténtico animal de escena que nos brindó una actuación inenarrable, siendo el punto de atracción cada vez que estaba en escena. El cantante resulta correcto, pero el actor es extraordinario.

La Vieja Dama, the Old Lady, fue muy adecuadamente interpretada por la mezzo soprano Doris Soffel, que todavía mantiene una voz en condiciones y canta y actúa de manera notable.

Otra vieja gloria, el tenor Chris Merritt, dio vida al Gobernador Souza, a Vanderdendur y a Ragotski, éste en la escena de Venecia. Mantiene todavía una voz respetable, con cierta inestabilidad por arriba, pero es un placer volverle a ver en escena para los veteranos aficionados como yo, que guardamos vivos recuerdos de sus interpretaciones rossinianas de los años 70 y 80.

Lo hicieron bien en los personajes secundarios el barítono Josep-Ramon Olivé como Maximilian y Capitán, así como Inés Moraleda como Paquette.

Los personajes de contorno fueron bien cubiertos por miembros del coro.
Finalmente, la importante parte del Narrador fue bien interpretada en catalán por Jordi Boixaderas.

El Liceu ofrecía una entrada de alrededor del 75 % de su aforo. El público se mostró muy cálido con los artistas tanto a escena abierta como en los saludos finales, no faltando muestras de entusiasmo para John De Main y los principales protagonistas.

El concierto comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 48 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 7 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 223 euros, habiendo butacas de platea desde 117 euros. La localidad más barata costaba 42 euros.

José M. Irurzun