Illarramendi, regional y neoclásico

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Zuzenean
Zuzenean

Con el título de Zuzenean (“En directo”), nos llega este doble compacto con obras del compositor guipuzcoano Ángel Illarramendi (Zarautz, 1958), en un concierto grabado en su localidad natal en septiembre de 2017, y que contó con la participación de la Coral de este municipio, el Orfeón Donostiarra y la Orquesta Sinfónica de Euskadi bajo la batuta del madrileño José Miguel Pérez-Sierra.

Aclamado por sus bandas sonoras para cine y series de televisión como la exitosa Los Borgia (de cuya suite se incluye aquí la contenida Muerte de César), Illarramendi se define por un estilo compositivo netamente neoclásico y una capacidad para crear atmósferas en donde la melodía siempre está presente, una armonía tonal que le lleva a revisitar el folclore de su tierra en la obra que inició este concierto, el poema sinfónico Zarautz, encargado por el Ayuntamiento del municipio, donde el versionado componente regionalista más propio de un Sorozábal que de un Guridi se entremezcla con un acusado tratamiento minimalista. 

En esa línea se sitúa su Sinfonía nº 7, en un solo movimiento de 38 minutos, obra que parece huir del folclorismo anterior, de cierta esencia medieval y con trazos de estética rusa, en la que los diferentes atriles de la orquesta tienen uno o varios solos destacados, en un discurso profusamente melódico, plagado de células musicales a veces muy simples, pero rico en tímbricas y huyendo de las densidades armónicas, como si la música, en su natural fluir, quisiese hablar por sí misma de forma directa, en su más pura simplicidad. Quizá pueda resultar un tanto reiterativo el material musical empleado, al menos en su primera parte, sobre todo en cuanto al uso de la sección de cuerdas en ostinatos y diseños melódicos, sin embargo, la originalidad de la partitura está fuera de toda duda, máxime en el elocuente carácter de su segunda parte, donde lo más trascendental a la par que épico y legendario parecen abrirse camino, contando para ello con el apoyo de las voces corales, desarrolladas en una ortodoxa fuga hacia el final de esta pieza sinfónica que recupera material de la primera parte.

Igualmente nos parece muy imaginativa la concepción de su singular Concierto para clarinete, piano, viola y orquesta, atípica combinación instrumental que le sirve al compositor para idear una obra sumamente ecléctica en sus tres movimientos, ayudado por los variados timbres de los tres instrumentos, no explotados en su faceta más virtuosística sino en la más puramente melódica (aquí interpretados por José Okiñena al piano, Juan Navarro al clarinete y Delphine Dupuy a la viola), y que en su atmosférico tiempo central alcanza cotas de elevada poesía sonora, siempre con ese halo estilístico tan ligado a la música cinematográfica de aliento nostálgico y amoroso. Un triple concierto que a veces nos recuerda al neoclasicismo de un Prokofiev, al lenguaje pentatónico de un Bartók y en otras ocasiones lo invaden las sonoridades jazzísticas a lo Gershwin.

Comandados por el joven maestro Pérez-Sierra, y en una más que estimable toma de sonido que muestra a un público bastante respetuoso, una Orquesta de Euskadi y un Orfeón Donostiarra en magnífica forma, a cuyas voces unen sus esfuerzos las de la Coral de Zarautz, defienden con empeño y rigor el encanto de una música que nos hace reconciliarnos con la creación española más contemporánea.

Germán García Tomás