La Carmen de Las Palmas, en revisión jerezana

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La Carmen de Las Palmas, en revisión jerezana
La Carmen de Las Palmas, en revisión jerezana

G. García-Alcaide

Brillante y animada lectura de los tópicos andalucistas de Bizet, erigidos por el gran  Nietzsche en arquetipo de la gran ópera europea cuando empezaba a desvariar (irritado por el poco caso que le hacía su ídolo de toda la vida y examigo Wagner). Fantasmas del subsuelo de la mente..

Francisco López, justamente celebrado como alma y vida del Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera, dirige la Carmen de Las Palmas con a importación de los decorados y vestuario producidos en el famoso espacio jerezano. Buenos en términos conservadores, llamativamente populistas en el clima estético del barroco andaluz y bastante sobrados de folklore, ensayan en medio de tanto jaleo una novedad: las premoniciones trágicas de una bailarina vestida de negro y un coro oculto en la penumbra que canta y proyecta, sin ser visto, el “fatum” de la muerte. No está mal concebido, aunque los excesos de velocidad y de cuadratura marcial en los pulsos sonoros evoquen otras juergas de soldados, cigarreras, contrabandistas, peinetas y mantones de Manila. Poca novedad, viendo lo que se ve por el mundo a la hora de afeitar pintoresqismos.

Buen reparto vocal, con seis de los personajes debutando en plaza y tres de ellos en los roles. La mezzo Annalisa Stroppa puede con su rol agotador gracias a una  técnica bien empleada, tesitura extensa con coloración metálica en agudos y gestualidad diferencial de buena actriz entre las escenas de seducción y las que conducen a la muerte. El tenor Leonardo Caimi arma un Don José muy dramático, con anchura y timbre baritonales que ni siquiera adelgazan en los contundentes agudos. La pequeña voz de la lírica Irini Kyriakidou borda la famosa aria de Micaela con entrega y honestidad. Grande y roqueña, la voz del barítono Dalibor Jenis bombardea materialmente el Escamillo

Entre los segundos papeles están espléndidas Abenauara Graffigna y  Caterina Piva como Frasquita y Mercedes, y no menos Isaac Galán y Manuel Pieratelli como Dancaire y Remendado,  entrañables personajes. Del quinteto con Carmen hacen una joya, sin disimular su constante reojo al tren que les mete la batuta. Más disciplinados que nunca, el Coro de la Opera y la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria siguen al pie de la letra los tempi y los planos dinámicos de Karel-Mark Chichón,  si bien las damas de Olga Santana vuelven a la estridencia en agudos. Encantadores y divertidos, los niños del coro infantil de Marcela Garrón dan espontaneidad a sus apariciones. Mencióm especial al buen arte de la bailarina Amanda de Paula.

Función estimable, en definitiva, demasiado larga por los tres entreactos pero digna de los cordiales aplausos recibidos.