CD. Domingo. Verdi

108

CD-Domingo-verdi

DOMINGO-VERDI. Escenas y arias de Macbeth, Rigoletto, Un ballo in maschera, La traviata, Simon Boccanegra, Ernani, Il trovatore, Don Carlo y La forza del destino. Plácido Domingo (barítono), con aportes de Aquiles Machado (tenor), Angel Joy Blue (soprano), Gianluca Buratto (bajo), Fernando Piqueras (barítono) y Bonifaci Carrillo (bajo). Orquesta de la Comunidad Valenciana, Pablo Heras-Casado (director). Sony Classical, 2013.

Dentro del catálogo de homenajes discográficos a la figura del compositor Giuseppe Verdi con motivo de su bicentenario en 2013 no podía haber faltado el de nuestro cantante lírico más internacional Plácido Domingo, que con la excusa del homenaje al maestro de Busetto ha contribuido personalmente reuniendo por primera vez algunos de los más representativos roles verdianos para la cuerda baritonal.

La declaración de intenciones del presente compacto que lleva únicamente como título los apellidos de cantante y músico no deja al oyente ningún género de duda: “Verdi es un manantial de magnífica música y todo cantante lírico le está agradecido. Para mí esta grabación es una celebración especial y un acto de agradecimiento y amor hacia Giuseppe Verdi”. Domingo muestra hasta tal punto su veneración hacia el maestro italiano apareciendo en la portada del disco como el mismo Verdi: ataviado con chistera y pañuelo.

Es por los aficionados conocido que el tenor madrileño ha estado en estos últimos años interpretando en los escenarios de forma casi exclusiva papeles baritonales de su admirado Verdi, sin duda uno de los compositores que ha jugado un papel más relevante en su dilatada y exitosa carrera. Sin ir más lejos, todos los espectadores madrileños recordamos el descubrimiento de Domingo como barítono hace tres años en la producción del Teatro Real de la ópera Simon Boccanegra, y el propio libreto de este disco incluye varias fotografías de las últimas producciones en las que ha intervenido dando vida a diferentes barítonos verdianos.

Podríamos pensar escuchando este trabajo que la reordenación de su repertorio escénico podría obedecer a un retorno a sus orígenes artísticos (recordemos que el madrileño comenzó su carrera como cantante de zarzuela en la tesitura vocal que aborda en el presente disco), y que ello sería el resultado de un significativo proceso de transformación que ha venido experimentando su timbre vocal, ya que el instrumento ha madurado visiblemente, adquiriendo una mayor densidad en el registro grave. Pero la industria discográfica sabe que Domingo aparte de ser un gigante de la escena es un atractivo producto de ventas, sea cual sea el repertorio o el género musical que aborde, por insólito que pueda parecer primeramente. Y por lo tanto se comprueba que era estrictamente necesario apuntarse al carro de los fastos conmemorativos del bicentenario de Verdi.

Lo primero que llama la atención al acercarse a este disco es que Domingo otorga una gran prioridad al elemento expresivo en todos y cada uno de los barítonos que interpreta, pudiendo llegar a parecer que todos suenan más o menos iguales. Como experimentado hombre de teatro, él es capaz de conseguir de forma inteligente una recreación psicológica convincente de estos barítonos verdianos, que se presentan revestidos de un halo trágico y dramático que amplía su dimensión expresiva. Quizá donde mejor se aprecia lo dicho sea en las scenas o recitativos previos a las arias, donde la negrura de su timbre unida a su incisividad en el decir de las frases subrayan las diversas tribulaciones que asolan a cada uno de los personajes, como por ejemplo la resistencia y el desprecio de Macbeth a sus enemigos políticos previendo el inminente fin de su reinado en el recitativo previo al aria del cuarto acto “Pietà, rispetto, amore”, o la rabia e impotencia de Rigoletto tras su encuentro con el sicario que le ofrece sus servicios en la scena del primer acto “Pari siamo! Io la lingua”, que complementa con el aria “Cortigiani” del segundo acto, donde despliega como actor un abanico de sentimientos encontrados.

Sin embargo, se hace evidente que el madrileño fue cocinero antes que fraile, y en el terreno de lo puramente cantabile de las arias nos encontramos ante un intérprete que aprovecha sus fortalezas como tenor (pues eso es lo que sigue siendo) para afrontar nueve barítonos dentro de todo el catálogo verdiano que él entiende que mejor se adecuan a las particularidades de su voz: aparte de Macbeth, Rigoletto y Boccanegra, aquí se hallan Renato de Un ballo in maschera, Germont de La traviata, Carlo I de Ernani, Conde de Luna de Il Trovatore, Rodrigo de Don Carlo y Carlo de La forza del destino.

Debido a la razonable consecuencia de los años, es evidente y perfectamente comprensible el desgaste físico del cantante, con un fiato que pese a todo consigue llevar a buen puerto, así como seguir regalando un notorio fraseo y un canto en legato, aunque algunos acentos y matices sean recreados con exceso de rudeza. Pero los agudos, que mantienen absolutamente toda su esencia tenoril, tienden a resultar un tanto forzados, por ese continuo empeño de oscurecer la voz para que suene lo que naturalmente no es. Todo lo contrario que en el registro medio, donde la original tesitura del cantante se manifiesta conforme es, sin impostaciones ni enmascaramientos.

El joven Pablo Heras-Casado al frente de la Orquesta de la Comunidad Valenciana y el Coro de la Generalitat (conjuntos estables de la temporada de ópera del Palau de les Arts), prestan su servicio al Domingo barítono, a pesar de que el sonido tenue y discreto en ocasiones de la formación valenciana hace percibirla muy en segundo plano respecto al cantante. Digna de señalar es la aportación de varios solistas en el final de la dramática escena del consejo del acto primero de Simon Boccanegra. Entre los que prestan su voz en este homenaje personal de Domingo a Verdi hay que destacar especialmente la del tenor venezolano Aquiles Machado, acompañando tête-a-tête al cantante madrileño en la escena de la muerte de Rodrigo del acto IV de Don Carlo, donde el brillante color vocal y la impetuosidad de Machado en contraposición con la voz de Domingo recuerda vivamente a los años juveniles de éste.

Podrá gustar más o menos esta primera incursión discográfica de nuestro tenor más universal en papeles para barítono, pero lo cierto es que Domingo, de vuelta de todo y a estas alturas de su carrera musical, con vanidad o sin ella, se ha permitido el derecho de darse tal antojo.

Germán García Tomás

@GermanGTomas