Requiem de Berlioz en el Teatro Mariinsky II dirigido por Andrei Petrenko

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Requiem de Berlioz en el Teatro Mariinsky II dirigido por Andrei Petrenko
El coro del Mariinsky, dirigido por Andrei Petrenko

Este concierto ha venido a ser como una especia de remanso de paz en medio de las agrias peleas de dioses, nibelungos y welsungos. No es una obra muy popular este Requiem de Berlioz, al menos juzgando por mi propia experiencia, ya que es la primera vez que tengo oportunidad de escucharla en directo. Hasta ahora no lo conocía sino a través de grabaciones.

Este Requiem es muy exigente para orquesta y coro, especialmente para este último. Tanto uno como otro superan los 100 elementos, destacando la presencia de percusión en la orquesta. En cuanto al coro diré que es el auténtico protagonista de la obra, ya que canta en los diez números que lo componen y únicamente en el Sanctus interviene un solista. Me parece una obra importante, pero no sería de las que me llevaría a una isla deserta. Tiene páginas inspiradas, ente las que destacaría el Lacrimosa, además de abundancia de trompearía en otros momentos.

Las fuerzas musicales han estado dirigidas por Andrei Petrenko, que es desde el año 2000 el director del Coro del Mariinsky. No es de extrañar la elección, habida cuenta del la importancia del coro en esta obra. La dirección de Petrenko ha sido fundamentalmente la de un metrónomo, marcando los tiempos con claridad y controlando perfectamente las fuerzas a su mando. No mucho más que esto. La Orquesta del Mariinsky sonó de manera notable, pero lejos de lo que otras veces la hemos escuchado, especialmente dirigida por Valery Gergiev. El auténtico protagonista del concierto es el coro y hay que decir que la obra es muy exigente y que el Coro del Mariinsky demostró su gran categoría. Si algo destacaría de su actuación sería su perfecta afinación y sus excelentes piani.

Como decía más arriba, intervino en el «Sanctus» el tenor Sergei Semishkur, uno de los más importantes del Mariinsky, quien cantó desde un palco elevado. Berlioz parece que odiara a los tenores, ya que aquí le pone en serias dificultades, que fueron superadas por el solista empujando de manera notable.

El Mariinsky II ofrecía una entrada entre el 90 y el 95 % de su aforo. El público se mostró un tanto tibio al final del concierto.

El concierto comenzó con el consabido retraso, en esta ocasión de 11 minutos y tuvo una duración de 1 hora y 19 minutos. Cuatro minutos de aplausos.

José M. Irurzun