Yours, Virginia. Una visión muy personal sobre Virginia Woolf en Estrasburgo.

28
Yours, Virginia - Gil Harush - Ballet de l'OnR © Agathe Poupeney
Yours, Virginia – Gil Harush – Ballet de l’OnR © Agathe Poupeney

El magnífico espectáculo de danza Yours, Virginia nos ofrece la visión personal de Gil Harush sobre la escritora Virginia Woolf en Estrasburgo, en la Opéra National du Rhin.

¿Cómo hacer un espectáculo de danza inspirado en la figura de una escritora como Virginia Woolf? La opción más sencilla es recurrir a episodios de su vida y narrarlos en escenas de ballet. Y es que hay mucho material a representar en una vida como la de Woolf: su activismo feminista, su papel relevante en el Círculo de Bloomsbury, sus depresiones y, finalmente, su suicidio en el río Ouse, cerca de su casa. Pero ¿y dónde queda la literatura? Es difícil intuirla a partir de sólo algunas pinceladas de lo que vivió la autora. Una solución posible es la planteada por Julien Gaillard en su pieza de teatro de 2017 Tarkovski, le corps du poète, en la que el cineasta se enfrenta desde su lecho de muerte con los personajes de sus películas. Pero en la danza no hay texto sobre el que apoyarse, o muy poco, y la poética literaria sólo cuenta con los cuerpos de los bailarines y la música para ser expresada. ¿Por qué no recurrir a la abstracción de dicha poética y a su traducción a los lenguajes del baile?

Esto es lo que hace el franco-israelí Gil Harush en su espectáculo Yours, Virginia, representado en Estrasburgo, en la Opéra National du Rhin (OnR), estos días atrás. Su interpretación personal de la poética y la vida de Woolf resulta en un conjunto de escenas divididas en dos actos sin ninguna conexión aparente entre ellas ni ninguna interpretación obvia. Lo único obvio es la escena final, la del suicidio, en la que los bailarines se aproximan y se alejan, se atrapan y expulsan, sinuosos como la corriente del río que se llevó a una Virginia Woolf con piedras en los bolsillos, vencida por la melancolía y la depresión. Uno de los bailarines consigue escaparse para traer objetos que podrían sugerir sus obras, aquellos éxitos por los que según el resto podría merecer la pena seguir viviendo pero que para ella eran sólo testimonios de una búsqueda infructuosa de un algo que no sabía qué era. Mientras tanto, la carta de despedida a su marido se eleva al fondo, iluminada.

Yours, Virginia – Gil Harush – Ballet de l’OnR © Agathe Poupeney

Poco importa el que no se pueda identificar a la homenajeada en esta obra sin haber leído antes su título. La visión personal de Harush se expresa en unas coreografías preciosas pensadas al milímetro y en las que se conjugan tanto técnicas de danza moderna como de ballet clásico, impecablemente ejecutadas por el ballet de la OnR.

Todos los bailarines visten igual, diferenciando hombres y mujeres, salvo en contadas ocasiones, como en la escena en la que una dominatrix vestida de cuero a la manera de las dirigentes nazis de las películas de serie B conduce a una jauría de bailarines masculinos en calzoncillos que recorren el escenario a cuatro patas, como en las escenas más brutales de Saló. En el primer acto el vestuario sugiere la época de Woolf, aunque con un toque contemporáneo y respondiendo a las exigencias de movimientos del baile, ellos con polos lila traslúcido y ellas con faldas blancas partidas en dos sobre mallas de danza negras. En el segundo, tanto ellas como ellos aparecen en ropa interior.

La mayor parte del tiempo sólo hay dos objetos sobre el escenario, un piano de cola y una pantalla rectangular de vidrio transparente. El piano se convierte en pieza fundamental de la obra y en una referencia al amor de Woolf por la música. Varias de las piezas de la obra son interpretadas en este instrumento por el pianista Maxime Georges. Entre ellas, destaca una versión de la canción Jardinero “Torna a Surriento” de la película de Almodóvar La mala educación. Por otro lado, el juego que da el vidrio rectangular junto al piano es fantástico, sugiriendo tanto un muro como un espacio enmarcado. Inspira incomodidad el hecho de que sea ligeramente más pequeño que lo necesario para contener bien enmarcados los movimientos de los bailarines colocados detrás, lo que evoca quizás las crisis depresivas de Woolf y la opresión que habría de sentir.

En cuanto a la música, la selección es ecléctica y cuidada. Hay piezas tanto de Gluck y Chaikovski como de Chostakovitch y Glass, muy bien dirigidas por Thomas Herzog. El toque british de la selección parece un comentario a los orígenes de la escritora: mucho Handel, al que puede considerarse un músico de las islas, aunque no naciese en ellas; un pasaje de la King Arthur Suite de Edward Elgar, y la canción británica por excelencia, Greensleeves, en una adaptación de Ralph Vaughan Williams.

Yours, Virginia es, en definitiva, toda una alegoría críptica al mundo de Virginia Woolf, una visión muy personal de Harush. La escena final del suicidio devuelve al espectador a la realidad de la vida de Woolf, tras una sucesión de escenas en las que probablemente no haya podido identificar claramente ninguno de los episodios de la vida de la escritora ni de ninguna de sus obras. Poco importa. Lo que importa es el baile y la música, el detalle y complejidad de las coreografías y la sensibilidad de la puesta en escena y la sucesión de las piezas. Y que se cuente lo que se quiera.

Julio Navarro