Angel Ruiz en Miguel de Molina al desnudo y El amor brujo de Antonia Mercé de 1934

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Angel Ruiz en Miguel de Molina al desnudo Por Cristina Marinero

Madrid. Teatro Infanta Isabel. 5 de diciembre. Tengo la gran satisfacción de haber estado en el jurado preliminar de los XX Premios Max de 2017 y haber insistido en que un actor-cantante como Angel Ruiz tenía que estar en la lista inicial, la que incluye a los finalistas a los galardones antes de pasar a ser nominados. Su arte es bastante único hoy en día y por eso, tras pasar las siguientes eliminatorias, con distinto jurado, Ruiz fue el ganador del Max al Mejor Actor en aquella edición por su “one-man-show”, y homenaje al artista que triunfó durante la II República y se exilió tras la Guerra Civil, Miguel de Molina al desnudo.

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Ángel Ruiz en una escena de «Miguel de Molina al desnudo» Angel Ruiz en Miguel de Molina al desnudoFoto:Javier Naval

Ahora Angel Ruiz (Málaga, 1970) ha repuesto este aplaudido montaje musical en el Teatro Infanta Isabel por el que también obtuvo el Premio Unión de Actores al Mejor Actor Protagonista de Teatro y el Premio Teatro Musical, también en 2017. Actúa los viernes y sábados por la noche, acompañado al piano por César Belda, dirigido por Félix Estaire y con coreografía de la ahora actriz Mona Martínez (El Reino, Adiós), quien antes fue bailarina de danza española. Ruiz vuelve a ofrecer con el mejor arte su drama, comedia, baile y cante al servicio de un cuasi-monólogo que simula una rueda de prensa en la que el legendario artista del siglo XX explica su vida.

Miguel de Molina (Málaga, 1908-Buenos Aires, 1993) ha sido uno de los grandes intérpretes de la canción española, apasionado en sus interpretaciones, famoso por diseñar sus propias y despampanantes blusas, y mágico intérprete de clásicos como La bien pagá, Triniá y Ojos verdes.

Su leyenda se acrecentó en vida por tener que exiliarse a la fuerza a Argentina, en 1942, tras ser víctima de una paliza y negársele actuar en los teatros españoles. Fue Eva Perón quien le ayudó a que pudiera establecerse definitivamente en Buenos Aires, donde siguió triunfando en el teatro y el cine y donde descansan sus restos. Como él mismo cuenta en su autobiografía y se apunta en Miguel de Molina al desnudo, sus dotes de bailarín podrían haberle llevado por un camino diferente, tras haber actuado junto a Soledad Miralles y Amalia de Isaura, y estrenar El amor brujo en Madrid, con Antonia Mercé La Argentina, en 1934, la única vez que la pionera de la danza española escénica lo presentó en Madrid. La película Las cosas del querer (1989, Jaime Chávarri) se centra en aquella etapa en la que actuaba en pareja, aunque es una versión libre de su vida.

En su autobiografía, Botín de guerra, Miguel de Molina escribe de sus nefastas experiencias con El amor brujo tanto de Laura de Santelmo, en el Liceo de Barcelona (con Falla al frente de la orquesta) como del intento con Encarnación López La Argentinita -Molina se marchó, al no considerar que habían respetado su rango en el cartel-, en su versión en el Teatro Español.  Fue con la bailarina y coreógrafa Antonia Mercé, a la que idolatró, con quien participó en su aplaudida coreografía del ballet de Falla. “En marzo de 1934 sucedió algo en mi carrera que pudo cambiarla en su totalidad. Nada menos que Antonia Mercé La Argentina iba a montar en el Español una nueva versión de El amor brujo de Manuel de Falla. ¡Y me ofrecía personificar a Carmelo! Lo mismo que había sucedido con Encarnación López La Argentinita, y en el mismo teatro”.

Molina fue uno de los protagonistas del estreno en Madrid, el 28 de abril de 1934, de esta coreografía realizada por la gran bailarina, en 1925, en París, pero fue en el personaje del Espectro; Vicente Escudero encarnó a Carmelo y Pastora Imperio, la impulsora y estrella de la gitanería de 1915, a Lucía.

En su narración de aquel recuerdo, el artista apunta en su autobiografía más datos sobre los ensayos y la preparación en danza que le pedía Antonia Mercé. “Cuando me presenté ante Antonia no tenía fuerzas ni para pronunciar una palabra, pensando que me ofrecía ser Carmelo, su enamorado en el ballet. Ella me pidió que bailara y yo hice más o menos lo que había interpretado con Laura Santelmo en Barcelona. Quedó conforme y dijo que haciendo barra, diversos ejercicios y estudiando la coreografía que ella había preparado. Por supuesto acepté todo sin decir ni mu, aunque yo odiaba y odié siempre la barra y el ejercicio del ballet”.

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Ángel Ruiz, protagonista de «Miguel Molina al desnudo» Angel Ruiz en Miguel de Molina al desnudo Foto: Javier Naval 

El éxito de la función y la satisfacción de Antonia Mercé con la interpretación de Miguel de Molina del Espectro auguraban un estupendo futuro a su lado, como afirma le dijo la bailarina. “Días después, Antonia, entusiasmada, me dijo que tenía grandes proyectos para los que contaba conmigo. Quería que fuéramos a trabajar a la Ópera de París, pero no había podido deshacerse de una serie de recitales que la llevarían por el mundo. Cuando pudiera ordenar sus compromisos proyectaba montar La vida breve, La molinera y el corregidor (versión de El sombrero de tres picos) y Noches en los jardines de España, todas obras de Manuel de Falla, y yo trabajaría en ellas”.

Durante los dos años siguientes antes de fallecer el 18 de julio de 1936, Antonia Mercé giró sola con su pianista ofreciendo sus recitales de danza, sin sus Ballets Espagnols. Volvería a reponer una última vez El amor brujo. Fue en la Ópera de París, el 19 de junio de 1936, un mes antes de morir. Junto a ella volvió a actuar Vicente Escudero en el papel de Carmelo, pero no Miguel de Molina. Como Espectro reincorporó al actor galo Georges Wage, quien lo había estrenado con ella en 1925.