Ibérica de Danza presenta en Holanda el estreno europeo de su último ballet, Fígaro. Barbero de Sevilla

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Fígaro. Barbero de Sevilla, de Ibérica de Danza. Foto: Miguel Ángel Ramos
Fígaro. Barbero de Sevilla, de Ibérica de Danza. Foto: Miguel Ángel Ramos

La compañía que dirigen Violeta Ruiz del Valle y Manuel Segovia actuará en quince ciudades de los Países Bajos entre el 6 y el 24 de noviembre con esta creación coreográfica que tuvo su estreno absoluto en verano, en México, en el Festival de Querétaro.

Cristina Marinero

El miércoles 6 de noviembre, Ibérica de Danza estrena en los Países Bajos Fígaro. Barbero de Sevilla, un ballet en cuatro actos e idea original del coreógrafo Manuel Segovia, en el que utiliza códigos de la Commedia de’ll Arte y de la danza española para adaptar la trilogía de Beaumarchais. Es la primera vez que esta obra se pone en escena con el vocabulario y estilo de la danza escénica española, y cuenta para ello con una selección musical que incluye a Boccherini, Mozart, Rossini, Santiago de Murcia y temas populares.

La gira, de casi tres semanas, de la compañía madrileña codirigida por Violeta Ruiz del Valle y Manuel Segovia se inicia en el Theater Veluvine de Nunspeet e incluye otras catorce ciudades holandesas, entre ellas,Veghel y Eindhoven, para terminar en Amstelveen, el 24 de noviembre. El elenco está liderado por los bailarines José Alarcón, que encarna a Fígaro, Cristina Cazorla, como Rosina, Sergio Suárez, en el personaje del Conde Almaviva y Jaime Puente, como Bartolo. Además, Lucía Martínez interpreta a Berta y Raquel Ruiz a Marcelina. Completan el reparto los bailarines-actores David Acero, Alejandro Cerdá, María Gurría, Santiago Herranz, Marta Mármol y Nuria Tena.

“Me centro en las novelas de Beaumarchais sobre Fígaro, cada una de ellas adaptadas para Mozart y Rossini en sus respectivas óperas”, cuenta Manuel Segovia sobre el ballet de estreno europeo en Holanda y para el que ha contado con el director Ignacio García como colaborador, responsable actualmente del Festival de Teatro Clásico de Almagro. “Como es el mismo personaje, me dije, ‘¿por qué no me baso más en la trama de la parte literaria y utilizo indistintamente a Mozart y Rossini?’. Y como en la novela está Madrid muy presente, porque es donde el Conde Almaviva conoce a Rosina, marchándose luego a Sevilla, nos ha permitido hacer ese viaje estilístico por Madrid, Sevilla y Viena, ciudad que nos lleva a Mozart”, asegura el coreógrafo, Premio Nacional de Danza 2001.

Esta idea original de Manuel Segovia, autor de la coreografía junto a Sara Calero y la colaboración de Sara Cano, continúa la senda que caracteriza a Ibérica de Danza por la que la danza española es reinterpretada en un equilibrado espacio en el que convergen tradición y vanguardia. “Las dos han estado en Ibérica de Danza como bailarinas y ahora ya son unas maravillosas coreógrafas”, explica. “Pienso que hay que ser generoso y potenciar los equipos. Yo, al menos, disfruto mucho creando en equipo, me gusta trabajar en colaboración. En Ibérica siempre han invitado a  distintos coreógrafos y para Fígaro la cuestión era encontrar a los más apropiados. Pensé en ellas porque me gusta mucho el trabajo que hacen y sabía que iba a haber complicidad entre nosotros”.

Fígaro. Barbero de Sevilla, de Ibérica de Danza. Foto: Miguel Ángel Ramos

Con las composiciones de Boccherini, Mozart, Rossini, Santiago de Murcia y temas populares en versiones y arreglos de Ibérica Ensamble, Fígaro. Barbero de Sevilla se enmarca en un espacio sonoro y escenográfico atemporal con diseño de vestuario inspirado en el siglo XVIII. “Hemos querido buscar esos lugares hermosos de las tres ciudades. Un Madrid muy cortesano, con sus paseos y el Palacio de cristal como principales referentes. Una Sevilla en la que se potencia su lado más flamenco y, para terminar, una Viena en su gran época de esplendor.

Siguiendo las aventuras de Fígaro, este ballet transita desde lo figurativo y realista para adentrarse en un mundo onírico e imaginario. «Cuando termina, el espectador se va a llevar «puesta» la sonrisa, pero también algo más: la constatación de que con danza española se pueden contar historias. Se conecta con el público cuando se tienen personajes que emocionan. Y los bailarines de Ibérica de Danza son muy artistas, por lo que este ballet, ya lo hemos comprobado, consigue su objetivo».